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Con los pies en el suelo y la mirada en el infinito: Bardenas Reales

compartir en google+ compartir en twitter compartir en facebook María Pastor Gabaldón



Senderismo en Las Bardenas Reales
50 fotografías

Bendita gravedad que nos sostiene a la tierra y nos deja disfrutar de los 20 km de largo por 20 km de ancho que conforman el Parque Natural de Bardenas. Hemos llegado a Navarra con su delimitación por el Este con Aragón. Son 22 municipios los que configuran la Comunidad de Bardenas Reales, entre los que destacan Tudela, Arguedas, Fustiñana, Villafranca o Buñuel entre otros. Curiosamente, diecinueve pueblos más el Monasterio de la Oliva, los valles pirenaicos del Roncal y Salazar, son los que entran con su ganado a las Bardenas el día 18 de septiembre de cada año, en la llamada Sanmiguelada.

 

Nuestra propuesta para poder alojarnos y gozar de unos días de turismo rural en Navarra para, esta vez, en un territorio reconocido en el año 2000 por la UNESCO como Reserva de la Biosfera. Y es que la naturaleza aquí se erosiona formando montes y barrancos de arena y arcilla.

 

A las 42.000 hectáreas bardeneras se las divide por zonas dependiendo de las peculiaridades de su terreno, de modo que destacan:

 

- La Bardena Blanca, la parte más esteparia y a la vez la más llamativa y desértica.


- La Bardena Negra, que incluye las Reservas naturales del "Rincón del Bu" y la reserva de "Las caídas de la Negra".


- El Plano, como su nombre indica, una planicie con suelo de pedregal y que muga con la tercera Reserva natural "El Vedado de Eguaras", con multitud de pinos carrascos que se retuercen creando unas hermosas estampas.

 

Estamos frente a una extensión de contrastes que merece la pena conocer.

 

 

Una vez que accedemos al Parque Natural podemos visitarlo a pie, en bicicleta de montaña o en todoterreno y recorrer algunas de las rutas que están marcadas para el turista, porque este lugar de Navarra se ha erigido como una estupenda opción para pasar grandes ratos de ocio y aventura.

 

Las Bardenas acogen las ediciones de la Extreme Bardenas, 102 kilómetros en mountain bike que han hecho que la zona sea conocida mundialmente por los bikers o la Media Extreme con unos 52km de  recorrido, organizadas ambas carreras por la asociación de ciclistas de Argueda, uno de los municipios de la Comunidad bardenera.

 

El Parque Natural supone una inyección de oxígeno para el visitante. Tierra seca y requemada, pero acogedora y enamoradiza, donde podrá recorrer asombrosos barrancos, cabezos y cortados con cambiantes atardeceres, además de multitud de bellos colores: ocres, grisáceos, rojizos, violáceos… Muchos fotógrafos y escritores la han bautizado como “El desierto de las Bardenas”.

 

El cereal de secano, las plantas aromáticas, los barrancos, los cabezos con formas lunáticas causadas por la erosión, el pastoreo, las cañadas reales y los corrales de los ganaderos siguen vivos. El amante de la naturaleza, el senderismo o la bicicleta nunca se olvidarán de sus paseos en esta zona, árida donde las haya, pero que invade nuestros sentidos.

 

Históricamente, hay conocimientos de la existencia de este territorio desde la Edad de Bronce, pero es con Felipe V, en el siglo XVIII cuando comienzan las cesiones de los terrenos bardeneros a los municipios que hoy lo conforman y cuyo aprovechamiento ha sido durante siglos agrícola y ganadero, y en la actualidad, continúan estas actividades aunque en menor medida.

 

Con las peculiaridades paisajísticas de la zona y los contrastes que ofrece la misma, no es de extrañar que antes de que llegásemos nosotros, el equipo que escribimos desde este blog, ya llegaran otros; gente del cine, la televisión y la publicidad descubrieron en Bardenas Reales la escenografía perfecta para numerosas películas y anuncios.

 

En el entorno natural del Parque se han rodado escenas de Airbag o de El monje, así como videoclips o anuncios de cerveza, ropa deportiva, coches o grandes firmas de moda. Maribel Verdú con la película "De tu ventana a la mía", el programa "Un país para comérselo" con Imanol Arias y Juan Echanove, Rafa Nadal anunciando Mapfre, Penélope Cruz, Javier Bardem, Cameron Día y Brad Pitt en el año 2013 con la película de Ridley Scott "El consejero", James Bond con el agente 007,... Ahora, sois vosotros los que tenéis la oportunidad de dejar que este lugar forme parte de la película de vuestra vida.


Comentarios:

viajero José Manuel Almerich
Lunes, 31 de marzo de 2014 a las 17:28

Viajar es robar tiempo a la muerte, pero viajar a las Bardenas es una ruptura total, un cambio inaudito, una verdadera alucinación. Las montañas se arrugan y se descomponen ante nuestros ojos y los cerros testigos colgados al vacío se mantienen en pie desafiando al viento y al tiempo.

Una hora antes del anochecer debemos salir de allí. Las normas son estrictas pero la naturaleza todavía lo es más. Si nos cae la oscuridad la temperatura descenderá también en la misma proporción.

Este lugar no admite excusas ni extraños, ni seres humanos que vivan entre sus cárcavas modeladas por el viento y el tiempo. Este extraordinario paisaje es el reino del cierzo y del mistral. Las rocas adquieren formas extrañas perfiladas por las sombras cada vez más alargadas. Es una tentación quedarse a contemplar el crepúsculo en mitad de los congostos y meandros forjados por el agua que, salvaje y sin control, convierte este lugar en un laberinto de apariencias y texturas: chimeneas de hadas, gubias, rostros de gigantes, castillos de arenas movedizas, pináculos de gres, terrazas fluviales, barrancos como cicatrices y ramblas de cantos rodados que convierten los cauces secos en trampas infernales.

La luz convertirá la magia en miedo y la belleza en aspereza, según sea la hora del día o de la noche. La memoria de la tierra está escrita en estos pliegues como un gigantesco buril que ha cincelado la piel de esta pequeña porción de la península ibérica, resguardada de las lluvias por la inmensa muralla que forma la cordillera pirenaica.

Las Bardenas Reales son el rincón de España más salvaje después de los Monegros y el desierto de Almería. Como tal, sus precipitaciones apenas superan los 300 litros por metro cuadrado pero éstas descargan su fuerza en poco tiempo y todas a la vez. Los torrentes alcanzan una tremenda fuerza erosiva y tras cada tempestad, el paisaje cambia totalmente.

El Moncayo y los Pirineos impiden la llegada de las borrascas del Atlántico por lo que el desierto de las Bardenas tiene una aridez tan extrema que tan sólo los buitres se mantienen a la espera a la sombra de sus guaridas en lo alto del desfiladero. El color de las piedras también cambia con la luz, y las rocas, como los elfos, toman apariencia humana.

Este territorio hostil te estimula la imaginación, y con ella, el instinto de supervivencia. Lugar de ovnis y bandoleros, de pastores y contrabandistas, las Bardenas no sólo han sido el escenario de numerosas películas donde el hombre parece perderse en la inmensidad de la nada, sino que se realizan las más exigentes pruebas de orientación y los cazas del ejército siguen haciendo allí prácticas de tiro.

Las Bardenas es un territorio poco conocido, una tierra indomable en avanzado proceso de erosión, el resultado del clima y de la historia. No pertenecen a nada ni a nadie, ni han estado sujetas a jurisdicción alguna a pesar de que una veintena de pueblos tienen derecho sobre ellas, incluidos los valles del Roncal y Salazar, cuyos pastores todavía siguen bajando el ganado a su exilio invernal desde los altos prados pirenaicos.

El rey Sancho García, en agradecimiento por haberles ayudado en la lucha contra los musulmanes de Tudela, les concedió a los roncaleses el privilegio de apacentar sus ovejas, por eso, dos cañadas reales cruzan la Bardena Blanca. Todavía se oye el eco de los mastines custodiando los rebaños y forzando su paso por las estrechas gargantas.

Pocos lugares de Europa ofrecen este aspecto y en pocos lugares del planeta la geología es un factor tan determinante. La alternancia de materiales de distinta dureza permite que el proceso de desgaste actúe de forma rápida y penetrante. Los materiales blancos como las arcillas y los limos, junto con las calizas, margas y yesos forman parte de una amalgama de tonos y matices que nos hace sentirnos intrusos en este mundo de ficción y fantasía.

Durante unos días hemos recorrido las Bardenas en bici; la Blanca y la Negra. Esta última menos avanzada, toma el color de las sabinas que con sus raíces evitan la degradación irreversible. Es una fase previa al caos, a la desolación total. Rodar por ellas ha sido como pisar la superficie de la luna. Las huellas quedarán marcadas hasta las próximas lluvias, lluvias que impedirán que nadie pueda entrar ni salir. Porque el mayor peligro de las Bardenas es el agua. Si llueve se convierten en una trampa peligrosa. El barro impide cualquier avance por pequeño que éste sea y los limos se transforman en tierras movedizas. Ante el menor indicio de lluvia, hay que salir inmediatamente de allí.

Viajar es robar tiempo a la muerte, pero viajar a las Bardenas es una ruptura total, un cambio inaudito, una verdadera alucinación. Las montañas se arrugan y se descomponen ante nuestros ojos, las imponentes cornisas a punto de desplomarse dominan barrancos y llanuras, y los cerros testigos colgados al vacío se mantienen orgullosos en pie desafiando al tiempo y a los elementos.

Carlos y Teresa nos alojaron en su casa rural http://www.labardenablanca.com y a la mañana siguiente nos invitaron a comer con los ganaderos el día que marcaban a fuego las reses bravas. Y compartimos por unas horas, lo que ha sido durante siglos el sentido de sus vidas.
viajero Teresa y Carlos
Martes, 01 de abril de 2014 a las 07:41

Intentaremos que tu estancia entre nosotros la recuerdes durante mucho tiempo como José Manuel Almerich, para que seas nuestro mensajero entre tus conocidos.

Esta casa rural es un lugar especial para entrar en contacto contigo mismo, con tu familia o con tus amigos; como la tuya, pero sin la presión de la rutina. Con olores y sabores de antaño: a pan de pueblo, mermelada casera, miel natural de abeja, bizcochos y torrijas hechas con huevos de nuestras gallinas de corral .

Fuera de la casa, experimentarás el contacto con una tierra que no te imaginas: paisajes idílicos, de ensueño.

Un saludo,
Teresa y Carlos
http://www.labardenablanca.com
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